IN VIOLENTIA VERITAS

He leído a propio intento “Taras Bulba” de Nicolás Gogol, que ya había leído en Los Alcázares hace setenta años, cuando tumbado en el poyete de la casa de mi abuela teníamos el mar lamiendo la misma casa. En medio de tanta información despistante me he reencontrado con los ucranios cosacos que luchaban contra polacos, turcos, tártaros, judíos y toda otra clase de gentes que ocupaban sus tierras. En una entrevista hace unos días en la televisión rusa Lavrov, ministro de Exteriores ruso, recordó la posición del Kremlin sobre el fin de la guerra en Ucrania. Según él, Rusia que es el Estado agresor, en su condición de miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, lo que le confiere un derecho de veto, debería por sí misma «proporcionar garantías de seguridad a Ucrania». El coronel Bulba tenía dos hijos buenos mozos y el menor se enamoró perdidamente de una polaca cuyos hombros y cuello lo obnubilaron de tal manera que se pasó a los polacos tomando armas contra las tropas del ataman que dirigía el ejercito cosaco, del cual formaba parte el regimiento de su señor padre. Los polacos habían invadido y conquistado la tierra ucrania. Capturado el mozo en una de las batallas, el propio Bulba lo fusiló, limpiando su honor y el de su ejército. Trump y Putin, cuyos conceptos del honor me son desconocidos, hubieran fusilado al coronel Bulba para evitar la muerte del enamorado ataman.

Los dirigentes políticos europeos y sus periodistas a sueldo de muy diversos modos nos invitan a ser pragmáticos. Porque consideran que Ucrania debe ceder inevitablemente territorios a los rusos que arrasan sus ciudades y matan a sus nacionales y secuestran sus niños pero que, ¡mire usted!, tienen derecho de veto en un órgano de garantía del derecho internacional. O sea que la ocupación de Ucrania por una potencia hostil y la destrucción y los muertos son parte del derecho internacional y que como imbéciles de  libro debemos rezar por Putin, Netanyahu y Trump, que son, como las madres ursulinas muy buenos porque nos llevan de excursión a pagarles aranceles, a comprarles balas para los civiles y a levantarles las sanciones. Y hasta el presente no nos matan de momento, ni nos invaden  por lo que hemos de concentrarnos en Bruselas para apoyar a Úrsula, como ejemplo de feminista con poder, a  legitimar la toma de territorios por la fuerza.Ajrl