HOMENAJE, con cante de Paco Toronjo

Los cincuenta años de la muerte de don Francisco, me han hecho recordar al padre Justo Martinez de Serdio, médico militar en la guerra civil en el bando franquista, con rango de capitán, cura luego, médico de nuevo en Casablanca y finalmente cura y médico en La Línea. Coincidimos en el Hospital Municipal, en La Atunara. Cenábamos a menudo en el hospital, judías verdes y lonchas de jamón de york con mal color. Murió de un infarto mientras se afeitaba un día de fiesta, poco después de la muerte que se recuerda ahora.

Ejercía de médico en el ambulatorio. Dedicaba muchísimo rato a cada enfermo, especialmente a los ancianos y a las gentes estropeadas por la vida de las cuales había abundantes ejemplares en el pueblo. Pero solo recetaba aspirina. Tenía la teoría de que si con la aspirina y charlando no se curaban, había que mandarlos al especialista a la Residencia, pues lo primero que debía hacer un médico era no causar más daño del que ya tenia el enfermo.

Entre otras costumbres amables se ponía la mascota el 4 de noviembre, San Carlos Borromeo, y se la quitaba el 27 de abril, que si no recuerdo mal era la festividad de la Mare de Deu de Montserrat. Vestía de civil, pero las corbatas las usaba del color, litúrgico del día. Leía el breviario, pero las lecturas las hacia de la Escritura, del Corán y del libro del Bahais. Tenía la teoría de que la Iglesia organizada como la conoció, no pasaría del año 2.500, no el peso del Señor en la historia. Pese a ello, rezaba las tres partes del rosario a diario. Ajrl

Tengo en mi despacho, encima de la estantería y junto su ejemplar del Korán, edición de 1963, en la colección Austral de Aguilar. Lo abro de cuando en vez, en recuerdo suyo. Monárquico, por cierto.