Artículo original de Adolfo Piñedo.
La flotilla de Gaza ha tenido un éxito espectacular. Aparentemente, el objetivo principal de la flotilla era romper el bloqueo israelí y llevar suministros a Gaza, algo que se sabía que era imposible. El éxito de la flotilla, sin embargo, consiste en haber puesto en el prime time de las televisiones del mundo entero la denuncia del genocidio que Netanyahu está perpetrando en Gaza. Por eso Netanyahu se equivoca cuando señala que la flotilla ha fracasado porque ningún barco ha alcanzado la franja. Aunque ningún barco ha llegado a Gaza, la condena a la política de Netanyahu ha llegado a todas las casas.
Se equivocan también los que dicen que la flotilla era un crucero por el Mediterráneo o que la flotilla era una asamblea de facultad flotante. En realidad la flotilla era un plató de televisión flotante, en cierto modo, algo parecido a lo que fue la acampada de Sol. Netanyahu ha colaborado al éxito de la flotilla. Los videos del asalto del ejército israelí a buques desarmados en aguas internacionales y la detención de los activistas son joyas impagables en términos de comunicación de masas.
La movilización contra la guerra, que antes de la flotilla languidecía con una participación reducida, después de la detención de los tripulantes ha crecido, alcanzando proporciones masivas en algunos países. En España la movilización contra el genocidio ha sido importante aunque aún no ha llegado a los niveles de aquel “no a la guerra” con motivo de la guerra de Irak.
En resumen, la flotilla ha infligido un golpe importante a la política de la extrema derecha. Eso es lo primero y principal que conviene valorar en unos tiempos en que la principal preocupación debe ser contener el ascenso de la extrema derecha. En términos generales, hace dos años la opinión mayoritaria apoyaba a Netanyahu en nombre del derecho de Israel a defenderse. Esa opinión ha girado en contra de Netanyahu cuando la defensa de Israel se ha convertido en el inicio de un genocidio y una violación del derecho internacional humanitario: Netanyahu está acusado de crímenes de guerra.
Durante los dos años de guerra en Gaza el gobierno español ha jugado un papel muy activo en la oposición a la política de Netanyahu. Sánchez ha liderado el reconocimiento del Estado Palestino; ha propuesto en la UE la presión sobre Israel para que cese el genocidio; ha aprobado el embargo de armas a Israel; promueve el aislamiento internacional de Israel de las competiciones deportivas y culturales y ha apoyado la flotilla, enviando un buque de guerra.
En el debate sobre la guerra de Gaza que se ha suscitado con motivo de la flotilla, el gobierno está bien posicionado, mientras que la oposición se siente incómoda porque está dividida y porque se posiciona en contra de la opinión de una parte de sus votantes.
Lo importante del debate no es si calificamos de genocidio o de otro modo (masacre, holocuasto, etc) lo que ocurre en Gaza. Lo esencial es si se condena o se apoya la política de Netanyahu.
La magnitud de la matanza de civiles en Gaza se puede expresar con este dato: según los mejores datos disponibles, el ejército de Israel ha matado ya al 3 % de la población de Gaza. Es un porcentaje parecido al de civiles alemanes muertos por bombardeos, hambre y asesinatos (¿nos suena?) durante toda la II Guerra Mundial en Alemania. En Gaza los muertos en combate han sido muy pocos porque, en realidad, no ha habido muchos combates propiamente dichos. Por contra, en la Alemania nazi, murieron en combate casi el triple de los civiles muertos.
La política de Netanyahu ha consistido en arrasar las infraestructuras de Gaza, el desplazamiento masivo de la población y el hambre como arma de guerra, todo lo cual son rasgos que se ajustan bastante bien a la definición de genocidio.
Vox, Ayuso y Aznar apoyan esta política que consideran es la respuesta militar adecuada. Según encuestas esta posición solo la sostiene el 11 % de los encuestados. Lo que equivale a decir que la política de la extrema derecha tiene muy escaso apoyo. El 56 % cree que hay un genocidio en marcha y el resto habla de masacre u otros términos que, en todo caso, expresan una condena a la política de Netanyahu.
Como se ha dicho Vox, Ayuso y Aznar apoyan la política de Netanyahu, es decir, apoyan la masacre, el genocidio o lo que sea. Pero hay líderes regionales del PP que lo condenan y Feijoo está entre Pinto y Valdemoro sin decidirse a ponerse a servir o a contratar criada. La lección que debemos extraer de aquí es que para combatir las políticas de la extrema derecha es esencial contar con el apoyo de una parte de la derecha, por muy confuso y vacilante que ese apoyo sea.
El discurso del Rey en la Asamblea General de la ONU responde a la opinión enormemente mayoritaria del país, que como se ha dicho antes, es contraria a la política de Netanyahu. De ahí la incomodidad con que Ayuso y otros adláteres han recibido dicho discurso. Los que sueñan con apoyarse en la Corona para impulsar las políticas de extrema derecha han debido quedar chafados. Es probable que en el próximo futuro veamos campañas contra la monarquía desde la derecha, algo que no será nuevo. Durante la transición, los ultras clamaban contra el Rey Juan Carlos, al que consideraban (con razón y afortunadamente) un traidor a los Principios Fundamentales del Movimiento.
Durante estos dos años de guerra en Gaza la figura de Pedro Sanchez ha subido enteros. Sanchez ha encabezado en Europa la oposición a las políticas de Netanyahu. Así lo reconoce todo el mundo, empezando por los propios palestinos. El gobierno de Israel no para de atacar a Sánchez y de crear conflictos con España.
Por eso, palestinos e israelíes deben haberse quedado perplejos escuchando a Podemos acusar al gobierno español de cómplices y del genocidio y colaboradores del gobierno de Israel. ¿Cómo no se habían dado cuenta antes de que Sánchez era un colaborador de Netanyahu? Este ataque tan disparatado tiene como destinatario a Sumar y forma parte de la inmisericorde campaña contra Sumar que, a juzgar por las encuestas, tiene muy poco éxito de público. Pero sí que incomoda a la dirección de Sumar que se apresura a intentar diferenciarse del PSOE como sea para no incurrir en las iras de Podemos, sin echar de ver que a Podemos no le interesa otra cosa que no sea la destrucción de Sumar.
La obcecación de Podemos con Sumar traerá consecuencias tanto para ellos mismos como para el conjunto de la izquierda. En los años finales de la República de Weimar los comunistas alemanes atacaban con fiereza a los socialistas a quienes consideraban el principal obstáculo para la revolución. Poco después, con la llegada de Hitler al poder, unos y otros acabaron en campos de concentración. No es que esta bronca de comunistas contra socialistas fuera la causa de la llegada de Hitler al poder. Pero, desde luego, poco ayudó a frenar el ascenso del nazismo. El error de los comunistas alemanes consistió en que el dilema que había sobre la mesa no era o reforma o revolución, sino o dictadura o democracia. A toro pasado, es decir, con la dictadura asentada ya en Alemania, la IC cambió el rumbo e inició la política de frente popular contra el fascismo.
Las últimas encuestas dicen que, hoy, la hipotética unión PP + Vox adelantaría a la suma de las izquierdas. Pero nada está decidido. Todo depende de lo que haga la izquierda en los próximos meses. Seguramente, la guerra de Gaza no cambie muchos votos pero es posible que ayude a movilizar a un electorado de izquierdas que, hoy, se sitúa en la abstención. A esa movilización ayudaría algo también el fin de la guerra de Podemos contra Sumar. Ojalá.