El historiador italiano, Carlo GINZBURG, uno de los más importantes e influyentes historiadores europeos, ha muerto en la madrugada del 17 de junio en Bolonia. Su decisiva aportación a la investigación histórica ha sido buscar en la vida concreta de personas comunes e invisibilizadas a través de pequeñas pistas el marco histórico en el que vivieron y como pudieron desarrollar en el su paso por este mundo. Ese ejercicio de investigación lo plasmó en su libro “El queso y los gusanos” de 1976 en el que sumergido en los archivos reservados de Iglesia pudo dedicar a poner a la luz la vida de Menuchio, un molinero que fue condenado a muerte por sus ideas sobre Dios y sobre el mundo. Nietzsche en su primera clase como profesor de filología afirmó que su mate ría académica era un arte de leer despacio, un facultad de leer y comprender los hechos, los signos,y descifrarlos y sorprenderse y asombrarse por ellos. Esa capacidad de lenta sorpresa y comprensión fue para Carlo GINZBURG el rasgo más evidente de la dignidad humana al conocer y comprender su paso histórico. Nacido en 1939, hijo de Leone un eslavista afamado traductor de Tolstoi y con fundador de las editorial italiana Einaudi, torturado y muerto por los nazis en 1944 por su compromiso con la Resistencia, firmó a sus 86 años un manifiesto contra la limpieza étnica en Gaza y en apoyo a la existencia del estado Palestino. Como educado en la JOC, en el método de análisis basado en hechos, la revisión de vida, he recordado ante la noticia de su muerte que este turinés asentado en Bolonia, profesor la universidad de Los Ángeles, entre otras, formó con Umberto Eco y Rober Chartier una trinchera intelectual en defensa del estudio y análisis del HECHO, delos hechos, mucho antes de la sobrevenida pos-verdad y de la banalidad estulta y malvada de las noticias falsas. En su memoria, pues. Con agradecimiento. Ajrl