EL PAPA EN PARIS (3)

Isaías que no conocía a ningún pontífice romano, pagano o católico, escribió sobre lo que esperaba YHVH de los hombres de Judá que eran su plantel preferido ; “esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó de ellos justicia, y ahí tenéis: lamentos” (3, 7). Se ha leído en las comunidades católicas del mundo este domingo. Derecho y justicia.

Esos dos verbos han sido los dos pontones sobre los que ha transitado León XIV a su paso por el edificio de la UNESCO y el la eucaristía de la plaza de la CONCORDIA con unos 700.000 participantes. Existe un líder religioso, el el de confesión católica, con amplia audiencia mundial, que derriba las fronteras de su propia iglesia. Está situando a su iglesia en el frente de resistencia contra el neorrealismo presidencial norteamericano con algorritmos de Mamón y el imperialismo ortodoxo de Putin y Kiril. 

Derecho y justicia que espera el Único Señor y el único poder. Non serviat, a ningún otro poder. No servir a señor que se pueda morir. Como ha escrito algún periodista europeo dedicado al análisis de lo que ocurre: León XIV ha tirado de la cuerda del espacio digital que, al acelerar, retrocede. 

Su Iglesia, que es la de muchos de nosotros, europeos de hoy, se está convirtiendo objetivamente gracias a su firme dirección, en una aliada de las distintas fuerzas seculares que buscan y crean libertad frente a los abusos y vasallajes de americanos y rusos. 

Los viejos militantes de movimientos cristianos crecidos y educados en ellos durante el régimen del general Franco, nos graduamos en esa carrera y seguimos en ella. Los jóvenes del estadio Saint Denis, las personas adultas y jovenes de la  Concorde están, como nosotros, creando respeto al derecho y a la justicia que espera el Señor, resistiendo a asesinos y lamentadores inútiles. Ajrl