TERROR  EN  NUESTRA  HISTORIA  

(PARA MENTES   INQUIETAS   06 06 25)

1.         La historia del hombre ha sido la historia del terror, del miedo, por decirlo más suavemente. Se inicio con un terror ante la naturaleza. El terror a la naturaleza siempre ha existido: desde el neanderthal al hombre de la inteligencia artificial.

2.         Se empieza con el miedo a la naturaleza que no se domina,  catástrofes de todo tipo, que causan muerte, destrucción. Más tarde se traspasó ese  terror, de la  naturaleza al terror a los dioses,   Se acude a la creación de los dioses, en sus distintas versiones y culturas, como paliativo.

3.           No es extraño el terror a Dios en el judaísmo, anterior a Cristo.  Se desarrolla con  la destrucción de los enemigos, de los pecadores (la gehenna). Ciertamente ese terror se  mezcla, en lo más sano de las Escrituras, con el Dios Compasivo; son muchos los textos que nos hablan de ello. En el cristianismo (primitivo), se comparte la creencia en un Dios misericordioso, compasivo, Padre,  pero se mantiene la idea del infierno  (Mt. 25,41, (fuego eterno), Mc 9, 43-48 (me abraso en estas llamas inextiguibles), Lc. 6, 24 ss. (ay de vosotros los hartos, los que rien …).

4.   En la Edad Media se crea la Inquisición, como castigo, con su lacra de tormentos. La persecución y exterminio de los cátaros, albigenses y demás reformadores disidentes.  Y ya en los inicios de la edad moderna citaremos a los jansenistas, Reformados, calvinistas, sectas, Concilio de Trento. Se manipula las mentes con los Dogmas que hay que asumir obligatoriamente.

5.  El Pueblo encuentra su primera formación como sociedad que practica el terror como un arma para su autoafirmación. Reuniones sediciosas, secretas, de campesinos del s. VIII hasta el XVIII: los stedinger que se niegan a pagar tributos. El odio del bajo Pueblo en el campo contra los abusos de reyes, nobleza, obispos se manifiesta en toda la edad media. La nobleza practicó su terror ahorcando torturando, desollando, descuartizando (Thomas Munzer, Jean Meslier, líderes revolucionarios, víctimas entre otras muchas). 

      Del terror  occidental a Dios al del animismo de las tribus africanas, donde, actualmente, los bruj@s juegan un papel dominante en sus sociedades.  Las filosofías orientales: con la creación de las las castas en el hinduismo, la transmigración; el acabamiento en la nada, según algunas claves del budismo .

6.  El terror a Dios se desvía,  por mor de  la secularización de la sociedad moderna. Su deriva se traduce en terror político. Del miedo religioso al político: los Cesares de todos los tiempos, los absolutistas, los dictadores, apoyados por pensadores y técnicos del terror. Los terrores de nuestro tiempo: los imperialismos, el occidental, el oriental: Nazismo, Estalinismo, Capitalismo, Trumpismo, Sionismo, Colonialismo. Las falsas democracias (Europa).  Ambos terrores se solapan a lo largo de la historia, se retroalimentan.

7. Y ya, pasamos a  la edad  postmoderna. Nos encontramos con innumerables guerras, millones de muertos, desplazados. Naciones en ruina total: Ruanda, el Genocidio de los  Palestinos, Ukrania, Congo, Yemen, R. D. Congo, Sudan  y un interminable etcétera. Algo que creíamos superado, vemos que se reproduce incansablemente.

   En nuestras sociedades modernas, no hemos podido desalojar los miedos. El miedo a la falta de trabajo, a los despidos, la carencia  de vivienda,  la corrupción del sistema político, judicial, la impunidad de los victimarios, el racismo, los crímenes machistas, la vulnerabilidad  de lo ancianos, la sanidad por los suelos, la inteligencia artificial, la época de los robots ….

8. Ante este panorama desolador hay respuestas. Las de los libertadores del miedo: creyentes, ateos, agnósticos . Son los luchadores, que como decía Pepe Múgica: “En el fondo no hay derrotas, sólo sufren derrotas los que dejan de luchar”.  Y el Apocalipsis concluye con un cántico a la esperanza.“Y vi un cielo nuevo, una tierra nueva, el piélago ya no existía. Y vi la nueva Ciudad en la que  ya no habrá lágrimas, ni duelo, ni gritos, ni trabajo; la muerte ya no existirá más …. porque todo esto es ya pasado”.

Autor:  José Ramón Pérez Perea