TELLADO, O SEPULTUREIRO

Miguel Tellado Filgueira, nació como don Francisco en Ferrol, de profesión político, como don Santiago Abascal. Hoy, según los medios de información, ha invitado a la ciudadanía que le costea el sueldo, a cavar la fosa del gobierno. Como hay veintitantos ministros y ministras la fosa a cavar ha de ser profunda y de amplia superficie. Aunque ignoraba que el señor Tellado fuera sepultureiro en sus horas libres, no me sorprende pues ya don Aitor Esteban, desde el atril de oradores del Congreso lo califico de torpe, siendo además diputado. Aplicando el principio de Murphy, el señor Núñez lo ascendió a secretario general del PP, y en calidad de talcual ha invitado a unirse al duro trabajo de cavar la fosa del gobierno. Menester será, antes de cavar, rezar la recomendación del alma a quienes van a ser enterrados en la fosa que prepara o sepultureiro Tellado. En Ferroliño en la calle del Hospital, se encontraba el Santo Hospital de Caridad, fundado por don Dionisio Sánchez de Aguilera, quien además lo diseñó de planta cuadrada, con dos alturas y patio central. La bendición de la primera piedra tuvo lugar el 29 de junio de 1783, festividad de los santos apóstoles Pedro y Pablo. La capilla estaba bajo la advocación de Nuestra Señora del Buen Viaje, que es lo que propone o sepultureiro Tellado para el gobierno nacional. Por los años 1966 el capellán del hospital era un sacerdote anciano que llamabase don Xoseiño que, piadoso de condición, rezaba la oración de la recomendación del alma a los que estaban al borde de la fosa y preparándose para el buen y último viaje. En el antiguo ritual se advertía varias veces al alma del cristiano moribundo que salera de su cuerpo hacia aquel viaje inesperado siempre, pero inevitable. Ramón, uno de los que echaba la partida de subastado, tarde tras tarde, con don Xoseiño y otros sesudos congéneres, se encontró en trance que que el capellán hubiera de invitar a su alma a salir de su mismidad. Mejoró Ramón e incorporose al subastado a los quince días. Un zumbón de la partida le preguntó: “E cando don Xosé decía ¡sal alma cristiana de éste mundo! ¿Ti que disichés?”. “Eu gritaballe a modo ¡non sallas, non! E quedouse”. A lo mejor a o sepultureiro Tellado le ocurre como a Ramon. Ajrl