SED DE ORO

La Fontaine, en Le Cerf malade «¡Oh tiempo, oh costumbres! Por mucho que grite / Todo el mundo cobra». Oímos estos días a sujetos del calibre ético de Aldama, Abalos y García deponer ante magistrados del Tribunal Supremo y La Fontaine resuena en el tránsito de los pasos perdido del erudito edificio jurisprudencial. 

Escuchamos estos mismos días en la Audiencia Nacional los olvidados decires de los testigos sonados como Rajoy, Cospedal, Saenz de Santamaría y otros políticos gubernativamente circunstanciados y las sólidas y contundentes revelaciones del inspector jefe de la UDEF sobre operaciones policiales no autorizadas por juez alguno, presiones a funcionarios, propuestas de sobornos y ascensos a cambio de falsear o silenciar a los ahora tornadizos ejemplares de la decencia pública. La Fontaine resuena de nuevo en la sala del tribunal presidido por una magistrada cordobesa con ironía suficiente para pasar de olvidos a contundencias policiales sin solución de continuidad. Áuri sacra fames, que Virgilio nos legó en su Eneida. Execrable hambre de oro. El señor duque de Lerma, ministro que fuera de la católica majestad de un Austria, para no morir ahorcado, por ladrón, se vistió de colorado, pues lo hicieron cardenal. Ajrl