En 60 minutos, el territorio norte de Venezuela sufrió un terremoto que en los registros geológicos se designa como un doblete sísmico; uno de 7.2 y otro de 7.5, según datos del Servicio Geológico de Estados Unidos. 126 años han pasado desde el ocurrido en 190O. “Nosotros no podemos medir las escalas geológicas en tiempos antropológicos”. “Cada falla tiene sus propias tasas de recurrencia. Mientras que en la costa mexicana del Pacífico ocurren sismos mayores cada 15, 20 o 30 años, otros sistemas geológicos son mucho más lentos para acumular esa energía”.
El responsable humanitario de la ONU cifró el viernes en 50.000 el número de desaparecidos en los seísmos del miércoles, en una conversación recogida por la Afp. Se trata de la primera estimación formulada por uno de los actores oficiales que actúa sobre el terreno.
El año 586 a.C ocurrió en Jerusalén lo que perecía imposible. La gran ciudad inexpugnables, construida sobre roca en lo alto de la montaña fue destruida y arrasada, con sus secuelas de hambre, sed, mueres, saqueos, incendios, desplazados por miles y desaparecidos, Cinco poetas cuyos nombres ha ocultado el tiempo, compusieron cinco elegías describiendo la catástrofe y gritando su queja por los inocentes, expresando el límite de aquella experiencia humana que escapa a todo control. Traigo esta tarde de sábado un texto – que me he permitido laicizarlo – de la segunda de esas Lamentaciones:
“ Se sientan silenciosos en el suelo los ancianos de la hija de Sion; cubren de polvo su cabeza
y se ciñen con saco; humillan hasta el suelo su cabeza
las doncellas de Jerusalén.
Se consumen en lágrimas mis ojos, se conmueven mis entrañas; muy profundo es mi dolor por la ruina de la hija de mi pueblo; los niños y lactantes desfallecen por las plazas de la ciudad. Preguntan a sus madres: “Dónde hay pan y vino?», mientras agonizan, como los heridos, por las plazas de la ciudad, exhalando su último aliento en el regazo de sus madres. A quién te compararé, a quién te igualaré, hija de Jerusalén?; con quién te equipararé para consolarte,
doncella, hija de Sion?; pues es grande como el mar tu desgracia: quién te podrá curar?
Tus profetas te ofrecieron visiones falsas y vanas;
sino que te anunciaron
oráculos falsos y seductores.
Muralla de la hija de Sion,
¡derrama como un torrente
tus lágrimas día y noche;
no te des tregua,
no descansen tus ojos!
Levántate, grita en la noche,
al relevo de la guardia;
derrama como agua tu corazón
levanta tus manos hacia él
por la vida de tus niños,
que desfallecen de hambre
por las esquinas de las calles. Ajrl