VALENTINO

Valentino Clemente Ludovico Garavani, milanés, The Chic para los ricos estadounidenses, simplemente Valentino para los ricos europeos, ha fallecido a los 93 años. El arzobispo Sangalli, milanés de nacimiento, secretario adjunto de Propaganda Fide, se acercó al Palazzo  Valentino, sede de la Fundación creada por él, en la romana piazza Mignanelli, donde se instaló la capilla ardiente por la que habían pasado 10.000 personas, para expresar sus condolencias a Giancarlo Giammeti, socio, gestor de la firma, ex pareja del fallecido y su permanente colaborador y fiel amigo. El palazzo es propiedad de la Administración Vaticana. El arzobispo bendijo el féretro. En la basílica de Santa Maria de los Ángeles y de los Mártires mientras el coro cantaba Lacrimosa dies Illa /qua resurge ex gavilla/ juficandus homo reus/ lacrimosa dies Illa, de la Misa de Réquiem en re menor K 626, de Mozart, compuesta en 1791, entraron el féretro para la celebración de las exequias católicas. El Dies irae fue excluido de la liturgia funeral católica posterior al Concilio Vaticano II, por su trágico contenido.

“El último emperador de la moda”, retirado en 2008, creó su Fundacion sosteniendo el gran centro contra el VHS en el Hospital de Nueva York y dotó con un millón de euros al Hospital Lázaro Spallanzari de Roma para la lucha contra la COVID-19. Junta a su amiga Liz Taylor habia puesto en marcha la asociación LIFE (Luchar, Informar, Formar, Educar) para enfrentar el sida.

Las palabras de despedida en el funeral, desde el atril, las pronunció Giancarlo Giammetti, de 83 años, unido.  profesional y personalmente a Valentino con quien fundó su negocio de moda negocio, y  fue pareja afectiva muchos años y su socio permanente. Para quienes echen de menos la severa impedimenta moral de los detentadores del bien en todo el recorrido de vida y muerte de este modisto,  la  liturgia de estos días nos ha hecho leer una narración de hechos de finales del siglo XI y comienzos del X antes a.J. Contenida en el II libro de Samuel, en el capítulo 1, 26 en el que ante la noticia de la muerte de  su amigo Jonatan, David dice: “¡Cómo sufro por ti, Jonatan, hermano mío!.¡Ay, como te quería/ Tu amor era para mi más maravilloso que el amor de las mujeres!”. Ajrl