Ayer en Roma se conmemoraba el 80 aniversario de la creación de la Organización de las Naciones Unidas para los Alimentación y la Agricultura, la FAO para los amigos. Muchísimos dirigentes políticos de numerosos países. La reina de España estuvo y habló con claridad, como suele. Entre los norteamericano presente, hubo uno bajito, con un a especie de kipá judía en la coronilla, pero vestido de blanco y falda larga. Es el cristiano que preside a los miembros orientados y desorientados de la Iglesia católica. Aclaro que católica significa universal.
Este caballero que habla él español de la montaña peruana, enumera hechos: “Setenta y tres millones de personas se van a la cama sin comer y otros dos mil trescientos millones no pueden permitirse una alimentación adecuada desde un punto de vista nutricional “. Este norteamericano que no depende de la administración estatal de su país de origen dejó claro que “no es casualidad, sino señal evidente de una insensibilidad imperante, de una economía sin alma, de un cuestionable modelo de desarrollo y de un sistema de distribución de recursos injusto e insostenible”.
Como cualquier ser humano bien nacido de condición, se pregunta cómo no se detienen inmediatamente guerras en las que los que las inician, dirigen y sostienen llegan a “escenas indignas de la condición humana en las que la vida de las personas y en particular las de los niños, en vez de ser cuidadas, se desvanecen mientras van en busca de comida con la piel pegada a los huesos”. Ajrl