EL DESFILE

Hoy desfile militar como acto único para conmemorar la fiesta nacional de España. Suspiros de España. Mi padre me subía sobre sus hombros para que viera en la Castellana a la altura del Hipódromo uno de los primeros desfiles de la postguerra de 1939. Pasa la guardia mora a con capas blancas sobre las ancas de los caballos rodeando el Rolls del Generalísimo. Hoy ochenta años transcurridos un bisnieto de Alfonso XIII, que hubo de dejar el trono a un presidente de la II Republica, preside con uniforme de gala de uno de los tres ejércitos el mismo desfile en el marco del Prado y Cibeles, donde arranca,  en Colon, la Castellana. Los presidentes pasan. El ejército permanece. Los reyes se van al exilio tras la guerra de África y vuelven al Palacio de Oriente tras la guerra civil de 1936. Suspiros de España. Recuerdo que Antonio Gramsci escribió para nosotros, españolitos que venimos al mundo: “Pesimismo del intelecto, optimismo de la voluntad”.

Este rey irá en unos días a Ceuta y Melilla, donde la policía del ministro del mando único, que lo será de jornada de SM, ha destruido uno tras otro los precarios y repugnantes asentamientos que el mismo gobierno del mismo ministro ha permitido durante los meses de agosto y septiembre. El rey no podía ver tales espectáculos impropios de un Estado social y de derecho. No comparemos los moros de la guardia mora del general Franco, en traje de gala e impoluto albornoz de pieza de capa sobre montura equina  que habían ayudado a matar unos cuantos miles de españoles rojos, con unos miles de astrosos moros huidos del Marruecos actual con un rey rico cazando euros por las montañas españolas, belgas y francesas en la UE, que ruborizan los patrióticos rostros de los señores Abascal, Feijóo y Vivas horrorizados por la invasión y el de la señora alcaldesa de Ripoll que le va a quitar votos al resistente de Waterloo. Cornetín de órdenes. Primera posición de saludo. Ajrl